Tras los pasos de Bécquer

Por el Moncayo

A finales de 1863, Gustavo Adolfo Bécquer, aquejado por la tuberculosis, se traslada  junto con su hermano Valeriano (y sus respectivas familias) a pasar una temporada de retiro al Monasterio de Veruela. Fruto de su estancia allí hasta julio de 1864 son sus Cartas desde mi celda, unos escritos que fueron apareciendo publicados en El Contemporáneo, el periódico para el que por entonces trabajaba, así como los grabados y pinturas que Valeriano hizo de la zona.

Las Cartas desde mi celda son nueve escritos que recogen la observación directa recogida por Bécquer durante sus viajes por la zona del Moncayo. En la primera de ellas evoca el viaje en tren desde Madrid a Tudela; el paso en diligencia desde allí hasta Tarazona y, por último, la excursión en mula hasta el monasterio, en el valle de Veruela.

¿Cuáles son sus impresiones sobre lo que va observando? De Tarazona nos relata que ” es una ciudad pequeña y antigua; más lejos del movimiento de Tudela, no se nota en ella el mismo adelanto, pero tiene un carácter más original y artístico. Cruzando sus calles con arquillos y retablos, con caserones de piedra llenos de escudos y timbres heráldicos, con altas rejas de hierro de labor exquisita y extraña, hay momentos en que se cree uno transportado a Toledo, la ciudad histórica por excelencia.

Yo, por mi parte, en el verano del 2013 decidí seguir los pasos de nuestro escritor y acometer la llamada Ruta de Bécquer por el Moncayo. Procedente de Barcelona, el primer punto de encuentro con la ruta fue la ciudad de Tarazona que, a decir verdad, no te deja indiferente.

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Calle con arco y torre mudéjar

Hoy en día, lo primero que llama la atención al llegar a Tarazona, aparte de la esbelta torre mudéjar de la Iglesia de la Magdalena, es la fachada meridional del Palacio Episcopal, que constituye el conjunto arquitectónico más emblemático de la ciudad.

Desde el mirador del Palacio Episcopal podemos contemplar la Catedral y la antigua plaza de toros, de planta octogonal y conformada por 32 viviendas habitadas desde su origen.

Construida en el 1792, en el interior se celebraron los festejos hasta que en 1870 entró en funcionamiento la actual plaza de toros. Ha sido restaurada hace muy poco y declarada monumento de interés histórico.

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IMG_9860 Plaza de Toros Vieja y sus viviendas

La antigua plaza del Mercado, ahora llamada Plaza España, es otro lugar que el viajero no debe dejar de visitar. “Entre los muchos sitios pintorescos y llenos de carácter que se encuentran en la antigua ciudad de Tarazona, la plaza del Mercado es sin duda alguna el más original y digno de estudio. Parece que no ha pasado para ella el tiempo que todo lo destruye o altera. Al verse en mitad de aquel espacio de forma irregular y cerrado por lienzos de edificios a cual más caprichosos y vetustos, nadie diría que nos hallamos en pleno siglo XIX ” (Carta quinta de Cartas desde mi celda).

En la actualidad, lo más llamativo de la plaza es la monumental fachada renacentista de la Casa Consistorial  ” con sus figuras colosales de granito, sus molduras de hojarasca, sus frisos por donde se extiende una larga y muda procesión de guerreros de piedra, precedidos de timbales y clarines, sus torres cónicas, sus arcos chatos y fuertes, y sus blasones soportados por ángeles y grifos rampantes“. La procesión que describía Bécquer podemos aún contemplarla en el friso de la fachada. Sin duda, desde la perspectiva histórica e, incluso artística, la parte más sobresaliente del Ayuntamiento de Tarazona. El friso rememora la cabalgata triunfal de Carlos V por las calles de Bolonia tras su coronación como emperador el 24 de febrero de 1530.

En la plaza España,  frente al Ayuntamiento, también encontramos la escultura homenaje al Cipotegato. (27 de agosto, fiesta de Interés Turístico Nacional)

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Casa Consitorial de Tarazona

Y es obligado recorrer las calles del barrio judío: un paseo por la Tarazona judía. El barrio judío ocupaba un amplio sector urbano, protegido por un recinto amurallado. La extensión del mismo correspondía a las actuales calles Judería (parte desde uno de los laterales de la pza. España), Aires, Rúa Alta, Rúa Baja, plaza de la Mata, plaza y calle de Los Arcedianos, y plaza de Nuestra Señora.
En la posada Laguna, en la calle Rúa Alta, se hospedó G. Adolfo Bécquer en su viaje.

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Casas colgadas sobre la calle Judería en Tarazona

Tarazona, aparte de ser la “patria chica” del famoso actor cómico Paco Martínez Soria, nacido en esta ciudad, aunque criado en Barcelona, y que goza de un museo con una exposición permanente de fotografías y material audiovisual,  es también el lugar donde, al parecer, fue tristemente enterrado en una fosa común del colegio de jesuitas (ahora “Hogar Doz”), Baltasar Gracián , uno de los más cultos, crípticos y aforísticos de los escritores de nuestro Barroco literario.

Triste cosa es no tener amigos. Pero más triste es no tener enemigos. Porque quien enemigos no tiene, señal de que no tiene talento a quien haga sombra, ni carácter que abulte, ni valor que le teman, ni bien que le codicien, ni honor que le murmuren, ni razón alguna que le envidien” (Baltasar Gracián, 1601-1658)

Proseguimos nuestro camino, y así como Bécquer llegó desde Tarazona a Veruela a lomos de mula, hoy en día accedemos cómodamente en nuestro vehículo motorizado.

Todas las tardes, y cuando el sol comienza a caer, salgo al camino que pasa por delante de las puertas del monasterio para aguardar al conductor de la correspondencia que me trae los periódicos de Madrid. Frente al arco que da entrada al primer recinto de la abadía, se extiende una larga alameda de chopos tan altos, que, cuando agita las ramas el viento de la tarde, sus copas se unen y forman una inmensa bóveda de verdura. […]

Como a mitad de esta alameda deliciosa y, en un punto en que varios olmos dibujan un círculo pequeño, enlazando entre sí sus espesas ramas, que recuerdan, al tocarse en la altura, la cúpula de un santuario; sobre una escalinata formada de grandes sillares de granito, por entre cuyas hendiduras nacen y se enroscan los tallos y las flores trepadoras, se levanta gentil, artística y alta, casi como los árboles, una cruz de mármol, que merced a su color, es conocida en estas cercanías por la Cruz negra de Veruela. Nada más hermosamente sombrío en el lugar. […]

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Grabado de Valeriano Bécquer

Allí, sentado al pie de la cruz, y teniendo en las manos un libro que casi nunca leo, y que muchas veces dejo olvidado en las gradas de piedra, estoy una y dos, y a veces hasta cuatro horas aguardando el periódico.” (Carta segunda)

Aquí, junto a esta famosa cruz negra, Bécquer esperaba las noticias procedentes de Madrid. Noticias que lo alejaban de su soledad y lo trasladaban por momentos al bullicio de la capital, a las discusiones en el Congreso, las polémicas acaloradas en el casino y cafés, al bullir de las ideas en la redacción del periódico…

Porque “como lo he visto nacer, como desde que vino al mundo he vivido con su vida febril y apasionada, El Contemporáneo no es para mí un papel como otro cualquiera, sino que sus columnas son ustedes todos, mis amigos, mis compañeros de esperanzas o desengaños, de reveses o de triunfos, de satisfacciones o de amarguras”.

Trasmoz

“Hace dos o tres días, andando a la casualidad por entre estos montes, y habiéndome alejado más de lo que acostumbro en mis paseos matinales, acerté a descubrir, casi oculto entre las quiebras del terreno y fuera de todo camino, un pueblecillo cuya situación, por extremo pintoresca, me agradó tanto que no pude por menos de aproximarme a él para examinarle a mis anchas…”

Así se refiere el propio G. A. Bécquer al pueblo de Trasmoz, uno de los tres por los que discurre la ruta por la zona del Moncayo.  Desde el Monasterio de Veruela, el itinerario se dirige hacia Trasmoz y termina en Litago. En total son 7,5 km en los que se recorre el paisaje que inspiró algunas obras costumbristas de Valeriano Bécquer y algunas de las Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo.  En el camino se han incorporado ocho carteles con textos e imágenes de los artistas.

Ruta de los Bécquer

La Ruta de los Bécquer

Al llegar a Trasmoz descubrimos una aldea de casitas blancas y calles empinadas donde todavía sigue viva su leyenda en torno a sus brujas.

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IMG_9849 Calles de Trasmoz.

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Plaza de la iglesia y museo de la brujería

Siguiendo el empinado camino nos encontramos, tal como le ocurrió a Bécquer  dos siglos atrás, con el solitario cementerio. El “cementerio chico” de Trasmoz, aquel que a nuestro escritor le llevó a plasmar en la carta VII una de las más bellas reflexiones sobre la muerte, y que inspiró a nuestro poeta los inmortales versos de una de sus rimas más conocidas.

RIMA LXVI

¿De dónde vengo?… El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.

¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas;
en donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.

Donde habite el olvido” : de Bécquer a Sabina, pasando por Cernuda

Y, coronando la colina, las ruinas del castillo de Trasmoz que, según la leyenda, fue creado en una única noche por un nigromante y fue cobijo de brujas desde tiempos remotos.

Desde tiempo inmemorial, es artículo de fe entre las gentes del Somontano, que Trasmoz es la corte y punto de cita de las brujas más importantes de la comarca. Su castillo, como los tradicionales campos  de Barahona y el valle famoso de Zugarramurdi, pertenece a la categoría de conventículo de primer orden y lugar clásico para las fiestas nocturnas de las amazonas de escobón, los sapos con collareta y toda la abigarrada servidumbre del macho cabrío, su ídolo y jefe

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Castillo de Trasmoz

En las últimas cartas (de la sexta a la octava) Bécquer narra las leyendas en torno a la brujería de la zona.

La tía Casca era una anciana de Trasmoz que tenía fama de bruja y que fue finalmente asesinada por los vecinos del lugar, hecho acaecido en 1850. Cuando a Bécquer le llegó la noticia durante su estancia en el monasterio de Veruela, escribió una de sus cartas , la número seis, que se publicó en el periódico El Contemporáneo, relatando el suceso.

En la carta sexta, Bécquer se encuentra durante sus paseos con un pastor de la zona que fue testigo de lo sucedido y que le refiere así el relato de los hechos:

La Tía Casca era famosa en todos estos contornos, y me bastó distinguir sus greñas blancuzcas que se enredaban alrededor de su frente como culebras , sus formas extravagantes, su cuerpo encorvado y sus brazos disformes, que se destacaban angulosos y oscuros sobre fondo de fuego del horizonte, para reconocer en ella a la bruja de Trasmoz. Al llegar ésta al borde del precipicio, se detuvo un instante sin saber qué partido tomar. Las voces de los que parecían perseguirla sonaban cada vez más cerca, y de cuando en cuando la veía hacer una contorsión, encogerse o dar un brinco para evitar los cantazos que le arrojaban…”

La brujería, muy arraigada en la zona, sigue presente hoy en día, aunque de otra manera más festiva: el primer sábado del mes de julio Trasmoz acoge en sus calles la feria de brujería y magia hasta avanzada la noche.

La obsesión de Bécquer por lo misterioso y la brujería ha llegado hasta nuestro siglo XXI, pues constituye el argumento de una novela de terror contemporánea del escritor César Fernández García : La última bruja de Trasmoz . (Premio La Galera Jóvenes Lectores 2009)

LLegados a este punto, no me quedó más que despedirme de nuestro poeta, que allí continúa, observando desde lo alto el bello paisaje del Moncayo, tan distinto al de su Sevilla natal, y tan cautivador, no obstante, y encaminé mis pasos hacia la provincia de Soria, lugar donde también recogió Bécquer material para algunas de sus leyendas más conocidas. Pero éste ya forma parte del siguiente capítulo:  Soria, ciudad de poetas.

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