Orihuela, su pueblo y el mío.

En este año, 2017, se commemora en su ciudad natal el 75 aniversario de la muerte de Miguel Hernández. No se me ocurrió nada mejor, por tanto, que concluir el camino del Cid por el Levante en su punto más meridional (Orihuela) y aprovechar para rendir así nuestro pequeño homenaje a este apreciado autor alicantino.

Dos son los puntos claves en esta visita a la tierra del poeta: visitar su casa-museo y la VI edición de Murales en el barrio de San Isidro.

Casa Museo Miguel Hernández

Es la casa donde el autor residió con sus padres y hermanos desde 1914 hasta 1934, año en que marchó a vivir a Madrid. Se trata de una humilde vivienda de principios del siglo XX, con un patio, un pequeño huerto y una pequeña explotación ganadera. No olvidemos que su padre era cabrero y los ingresos  familiares procedían de la venta de leche y la recría de cabras y ovejas.

Miguel Hernández dedicó un bello poema a su huerto, titulado precisamente “Huerto mío”. En él lo describe de la siguiente manera:

“Paraíso local, creación postrera,
si breve de mi casa;
sitiado abril, tapiada primavera,
donde mi vida pasa
calmándole la sed cuando le abrasa.”

Ver en el huerto la higuera, árbol bajo el cual se refugiaba de los implacables rayos del sol,  me trajo a la memoria el precioso verso de su Elegía a Ramón Sijé.

Una visita muy emotiva, sin duda alguna. En una de las paredes de la casa podemos observar la reproducción de un manuscrito de “Canción última“.  “Dejadme la esperanza” reza el último verso, y es que Miguel Hérnandez, a pesar de todas las terribles cirscunstancias que vivió, siempre fue un hombre esperanzado.

 

 

Cerca de la casa-museo se encuentra el Colegio Diocesano Santo Domingo  (visita obligada de la Orihuela monumental), donde Miguel Hernández empezó a estudiar bachillerato, estudios que nunca pudo terminar.  Miguel únicamente asistió al colegio durante unos pocos años pues abandonó los estudios en 1925 por imposición paterna. El futuro poeta se dedicó al pastoreo del rebaño familiar, tal y como deseaba su padre, y su formación literaria e intelectual posterior se debió mucho a su talento y a su afición por la lectura. El poeta-pastor, como fue llamado posteriormente, fue un gran autodidacta, muchas veces orientado por sus entrañables amigos, entre los cuales destacaron don Luis Almarcha (sacerdote y amigo de la familia), Carlos Fenoll (en su tahona se celebraban los encuentros literarios) y Ramón Sijé.

El segundo hito en este recorrido son los Murales del barrio San Isidro. 

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Este museo al aire libre en homenaje a Miguel Hernández supera ya las 200 fachadas del barrio decoradas con la obra del escritor oriolano.

Estos murales se iniciaron en 1976, tras la muerte del dictador F. Franco, y su proceso de restauración y ampliación no se llevó a cabo hasta el 2010 y 2012, respectivamente. Desde el 2012, cada primavera se organiza una edición de murales en homenaje a la figura del poeta, siendo la de este año la VI edición, en la que se han añadido 35 murales a los ya existentes.

 

“Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra.
No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera.
¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre  sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!”
Pablo Neruda

Documental sobre la vida de Miguel Hernández.